¿Nos conectamos?

Parece ciencia ficción. Te conectas al ordenador, lanzas una llamada y, de pronto, tus padres aparecen en medio de la pantalla. Como si nunca te hubieses ido. Decimos que parece ciencia ficción no porque no estemos acostumbrados a este tipo de tecnología (hace tiempo que hemos dejado de asombrarnos por cosas tales como que con una impresora pueda fabricar prótesis, por ejemplo), sino porque la pregunta es…. ¿Cuándo aprendieron los padres a hacer videollamadas?

Vivimos en un mundo en que las fronteras, directamente, no existen. Y eso implica que nuestros familias más “senior“ sepan utilizar los nuevos avances tecnológicos para estar conectados a pesar de estar en el otro lado del mundo. O que un madrileño, su pareja y su perro cojan un avión destino a Shanghái para emprender una nueva etapa en su vida. ‘

“Mi mujer es de China; nos conocimos en Madrid, nos casamos allí y habla perfectamente español. Éramos felices en España, pero queríamos algo más. Un día escuché de casualidad la típica conversación de pasillo con la que te cruzas. Era mi jefe. Recuerdo sus palabras tal cual. ‘¿A quién podríamos enviar a China?’. Y aquí estoy”.

Esto es lo primero que nos responde Marcos Cea cuando le preguntamos cómo ha acabado en Asia. Antes de eso hemos hecho cálculos para convertir la hora de Madrid en la de Shanghái y viceversa para fijar un encuentro que nos viniese bien a ambas partes. “¿Hacemos un Hangouts?” es la coletilla que utilizamos tantas y tantas veces con tantos y tantos familiares, amigos y conocidos que están probando suerte aquí y allá.

La historia de Marcos es extraordinaria,  porque, tras el halo de exotismo y el tono de aventura con el que ha barnizado su vida, su decisión encaja a la perfección con lo que oferta Roche de cara a aquellos empleados que estén interesados en una carrera internacional. “En Roche si quieres, puedes”.

“Empecé en Roche en el año 2005. Era mi primer trabajo y entré con un contrato en prácticas. Comencé como administrador de sistemas, pasé a dirigir personas, de ahí a Team Lead y luego di el salto a China. Aquí soy IT Operations Manager”, explica Marcos.

Cualquier proceso de movilidad internacional es siempre complicado. Lo vemos en nuestro día a día y nos lo cuentan todos esos reportajes televisivos sobre españoles por el mundo. Los cambios en las costumbres, la falta de personas de confianza, la soledad, los trámites burocráticos: un simple resfriado y tener que ir al médico. Abrir una cuenta en el banco. Buscar piso. Son pequeños detalles que aquí damos por cubiertos, porque lo están, pero que cuando salimos fuera se pueden convertir en una odisea y hacer que nos planteemos ‘qué se me ha perdido aquí’.

“El impacto motivado por el cambio, en mi caso, fue mínimo. Si eres una persona con inquietudes y ganas de trabajar fuera de nuestro país…” “si estás buscando una empresa que te ofrezca oportunidades internacionales con una garantía profesional “ mi consejo es que no lo pienses más. Roche te garantiza que no vas a pasar por ninguna situación traumática. En mi caso, me buscaron casa, me facilitan transporte, la sanidad… ¡ncluso me ayudaron con los trámites para poder venirnos a China con nuestro perro!”.

“Cuando tomas la decisión de expatriarte, la barrera es doble. Por una parte laboral: nuevos retos, responsabilidades, otra forma de trabajar… Por otra, personal. Dejas de tener los pies en tierra firma porque pierdes todos tus referentes. Y aunque no hubiera ninguna dificultad, el ‘¿qué hago si…?’ es un pensamiento que está siempre ahí. En mi caso, Roche nos cubrió todas las variables del día a día. No es sencillo estar fuera, pero por lo menos fue más fácil”.

Cuando le cuestionamos por lo más duro de estar en Shanghái, la respuesta es tan corta como clarificadora. “Estar separado de tu familia y amigos, sacrificar el no poder estar con tu gente es un precio muy caro”. Pero, de la misma manera, Marcos nos confirma que “merece la pena pagarlo. Sirve para crecer profesionalmente. Aquí trabajamos con compañeros locales pero damos un servicio global. Soy la referencia de cara a los clientes y de cara al equipo, que somos unas 40 personas. Todo lo que he vivido te proporciona una experiencia y una “seniority “que yo antes no tenía. Hay cosas que sólo puedes aprenderlas si las vives y ése es mi caso”.

No me planteo desarrollar mi carrera en otro sitio que no sea Roche. Por lo menos no ahora mismo ni a corto ni medio plazo”. Marcos se adelanta a nuestra previsible pregunta y él mismo nos cuenta esto, en un momento de nuestra conversación. Antes de eso, pude estudiar un MBA en el IE también gracias a Roche”.

“Independientemente de todas las ventajas tangibles que me dado a mí como persona y profesional, está todo lo que puedes hacer. Son ese tipo de cosas que cuando te paras a pensarlas dices ‘uffff’. En primer lugar, aquí nuestra misión final es la salud de las personas, sea cual sea tu campo de actuación. No en todas las empresas puedes ir a trabajar con la convicción de que lo que hagas ese día va a suponer un cambio real en la vida de las personas”.

“Además, aquí hay un componente de realización personal muy grande. Por un lado tienes todo el espacio del mundo para innovar. Si tienes una idea, puedes desarrollarla. Tienes que buscar sponsors y defenderla, pero si merece la pena te van a apoyar desde dentro. Y está el orgullo de trabajar en una empresa puntera. Aquí tocas la última tecnología. Es increíble”.

De repente, la hora que teníamos cerrada con Marcos se ha consumido. Nos quedamos con la sensación de que dejamos mil temas por tratar y otras tantas anécdotas por escuchar. Nos queda una duda, que es la misma que le haríamos a ese amigo o familiar que tenemos fuera: “¿Cuándo te tenemos de vuelta por aquí?”

“De momento, mi idea es quedarme”. Y no es que nos extrañe.

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